MI NIÑA
Hace ya casi
cuatro meses que Jenaro se marchó. Yo estaba muy ciega y no quería comprender
que había otra mujer. Nunca sabré si habría podido evitar que él me dejara. Me
ha costado mucho trabajo adaptarme a vivir sin él. Soy tan tonta que lo sigo queriendo
y estaría dispuesta a perdonarlo en cuanto volviera. Además está mi niña. Mi
pequeña Gema. ¡Me da tanta pena pensar que va a crecer sin el amor de un padre!
Lo perdonaría aunque sólo fuera por ella.
........................................................................
Me gusta
mirar a mi niña cuando está dormida. ¡Tiene esa carita de ángel! Me imagino sus
sueños dulces. Quizás sueña conmigo, con mis caricias y mis besos, tal vez en
los sueños siente todavía el calor de su padre. Pobrecita, tan pequeña, tan
tierna, ausente de nuestros problemas... Ella tan inocente ya tiene que sufrir
el abandono de su padre. ¡Qué injustos y egoístas podemos llegar a ser los
adultos!
....................................................................................................
No puedo
dejar de pensar en mi niña, según pasa el tiempo la veo más sola y más
inquieta. Por las noches escucho cómo respira; ya no parece que tenga dulces
sueños. Está agitada, como si algo la oprimiese. Yo entro en su cuarto y la
beso en la frente. Algunas veces la he encontrado sudando. No cabe duda de que
está muy nerviosa; por eso le pregunto al día siguiente qué ha soñado pero ella
no recuerda nada. Pobrecita mi pequeña. Yo estoy segura. Es muy duro para ella
empezar a crecer sin su padre. ¡Cómo quisiera que él regresara!
...................................................................
Mi pobre Gema
sigue inquieta. Llevo varias noches escuchándola hablar mientras duerme. Acerco
el oído a su puerta pero no acabo de entender lo que dice. Cada mañana le
vuelvo a preguntar. Pero ella no responde nada. Ni siquiera me dice ya que no
recuerda. Simplemente me mira y se calla. Se está volviendo muy distinta desde
que nos dejó su padre. Hace días que no quiere que le cuente cuentos y se va a
la cama cada vez más temprano y luego cuando se queda dormida empieza a hablar.
.........................................................................
Estoy
empezando a preocuparme seriamente por mi niña. Sigue hablando cada noche.
Parece que está hablando con alguien. Se me pone el vello de punta de pensarlo.
Hasta le cambia la voz. ¡Dios mío! Me cuesta reconocerlo, pero creo que mi hija
se está volviendo loca. Mi pequeña Gema ya no es la niña tierna y dulce que
siempre había sido. Es muy duro para ella crecer sin su padre, y su débil mente
se está trastornando.
.........................................................................
Anoche entré
en su cuarto cuando la oí hablar. No debí de hacer eso. Al menos seguiría
pensando que mi niña estaba trastornada. Me habría evitado el horror que
contemplé y seguiría mirándola con ternura aunque la encontrase extraña. Pero
abrí aquella puerta y contemplé lo que estaba ocurriendo. ¡Dios! Es espantoso
lo que pude ver. Cuando abrí la puerta encontré a mi pequeña sentada sobre la
cama. No estaba dormida. Inmediatamente me miró con unos ojos que no parecían
los suyos. Su cara no era la de una niña tierna. No sabría como explicarlo, es
como si ese dulce rostro se hubiera hecho más adulto. Su mirada era de odio.
Me habló con
una voz ronca. Sí; era la voz de un hombre. Pensé que me hablaba con la voz de
Jenaro, que su débil mente había recreado a su padre para no sentirse sola.
Pero pude reconocer esa voz. Era la voz de José Luis. En ese momento me
recorrió un escalofrío por todo el cuerpo. Apenas pude distinguir lo que me
decía.
Yo tenía
ganas de gritar pero me había quedado sin voz.
........................................................................
Jenaro es
camionero y se marchaba con el camión al extranjero. A veces tardaba en volver
más de quince días. Y una vez vino José Luis para hacerme una pregunta. Yo
estaba tan sola y tan necesitada de cariño que no dudé en hablar con él de
estas cosas y él, a su vez, me contó algo parecido. Así fue como casi sin darme
cuenta caí en sus brazos. Fue sólo una vez. Me hizo muy feliz, pero después
sentí que no me había portado bien con Jenaro y nunca volvimos a vernos.
Yo no había
hablado a nadie de esto. Para tranquilizar mi conciencia me entregué a mi
marido apasionadamente y por eso cuando me quedé embarazada de mi niña siempre
pensé que Jenaro era su padre.
Hace más de
dos años que murió José Luis. Una terrible enfermedad se lo llevó en menos de
dos meses. Tengo que reconocer que en mi interior sentí alegría, porque así nadie
más que yo sabría lo que pasó.
........................................................................
Mi niña me
miraba con ojos de odio, me decía palabras que ella ni siquiera conocía con esa
voz de hombre tan sonora.
- El padre de
esta criatura soy yo. Nunca me dejaste verla, nunca fuiste capaz de reconocer
que me amabas. Ni siquiera estando enfermo tuviste compasión de mí. Por eso ha
llegado el momento final. Tú también tendrás deseo de abrazar a tu hija y no
podrás hacerlo.
..................................................................
Ahora tengo
miedo cada día. Ella no me habla y yo a ella tampoco. El sentimiento de culpa
por lo que hice se ha apoderado de mí. Ya no quiero que vuelva Jenaro. Tampoco
me atrevo a mirar a los ojos de mi niña.
Cada día me
siento más sola y más vacía.
Desde aquella
noche mi vida se ha convertido en un infierno. Lo único que hago es esperar,
por si esto pudiera terminar de alguna forma.
FIN
Celedonio
de la Higuera
No hay comentarios:
Publicar un comentario