martes, 27 de septiembre de 2016

CARTA A MI HIJO

 
Querido Ramón:

Hoy pasé cerca del pantano de Béznar y vi volando por allí un ave grande y majestuosa. No sabría decir exactamente de qué se trataba, pero su cuello largo me sugirió que tal vez fuese un buitre. El cielo estaba raso. Hacía un día espléndido y me impresionó mucho contemplar, como un espectáculo grandioso, el vuelo de aquel ejemplar que parecía gritar en silencio que todo aquel cielo era suyo.

Yo miraba admirado hacía arriba y dejé que mi imaginación empezara a trabajar. Fue entonces cuando pensé que un buitre siempre está cerca de un cadáver y pensé en mi propia vida, que algún día habrá de llegar a su fin. Tal vez, a pesar de tantos afanes y luchas, no sea más que eso: un cadáver.

Una tremenda tristeza inundó mi alma y tú fuiste entonces mi único pensamiento. Pensé en  todo lo que tenía que haberte dado antes de dejar este mundo.

¿Sabes? Siempre tuve grandes proyectos para ti. Sí, ahora sé que no tiene sentido que te lo diga, pero tú habías estado en mi pensamiento prácticamente desde que tuve conciencia. Lo que ocurre es que la vida nos va exigiendo cosas nuevas cada día y vamos dejando para otro momento lo que creemos que puede esperar.

Sí, ya lo sé, nunca debí pensar que tú podías esperar. Pero entonces no me daba cuenta de lo que era importante de verdad.

Ya sabes que dejé mis estudios porque mi padre me dijo que me hiciera cargo de la carpintería. Era un negocio brillante. Pagábamos unas perras por cuatro palos y luego los convertíamos en muebles de gran valor. Conseguimos muchas ganancias.

Aquellos días yo estaba verdaderamente ilusionado. El dinero se adueñó de mi vida y pasaba muchas horas trabajando. Era hermoso ver como unos simples troncos acababan convertidos en una cómoda de gran valor y, sobre todo, me alegraba de ver cómo mis ganancias iban en aumento. Tú no habías dejado de estar en mi pensamiento. Todas las ganancias y todo lo que yo acumulaba llegaría a ser tuyo algún día.

Así pasaron muchos años, yo vi crecer  mi patrimonio, es verdad, pero no te vi crecer a ti. No tuve ocasión de haberte enseñado todas aquellas cosas con las que un día soñé.

Hubo otra etapa de mi vida en que decidí que no tenía sentido haber acumulado tanto dinero si no disfrutaba de él. Fue en ese tiempo cuando decidí pensar más en mí mismo. Por entonces reduje mi horario de trabajo y busqué la oportunidad para gozar de la vida. Fueron muchas salidas nocturnas, muchas noches de alcohol y lujuria. Pero cerré mis puertas a cualquier compromiso que me limitara la libertad. Así, sin darme cuenta, también a ti te cerré mis puertas.

Cuando ya se serenó mi espíritu comprendí que había malgastado mi vida y mi dinero en placeres que no puedes retener. Sentí un enorme vacío.

Fue aquella etapa en que quise conocerlo todo. Hice muchos viajes. Conocí lugares de ensueño. Visité monumentos de un valor inmenso, disfruté de hermosos paisajes y sentí una gran admiración por Dios que ha creado un mundo tan maravilloso y por el hombre que es capaz de embellecerlo aun más con sus obras.

Ahora comprendo que tú tenías que haber estado allí, conmigo, como yo había soñado cuando todavía era un espíritu inocente.

Ahora, me siento viejo y me encuentro solo. Al contemplar un buitre, o al menos eso me pareció, he pensado en la muerte y he descubierto el vacío de mi vida. Tal vez pronto tenga que rendir cuentas a Dios, o tal vez todavía me quede mucho tiempo que estar en este mundo. Pero ya es tarde para buscarte, Ramón.

Dicen que un hombre, para realizarse, necesita plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo. He estado ocupado con tantas cosas, buscando el gozo inmediato que he dejado pasar lo verdaderamente importante.

Por eso, hijo mío, cuando el tiempo se me acaba, he pensado en ti. El santo de mi pueblo fue llamado Nonato (no nacido), porque dicen que vino al mundo después de morir su madre. Por eso yo, en mi fantasía, te doy el nombre de Ramón, como el patrón de Dúrcal. Ya que fuiste siempre el mayor deseo de mi vida, pero nunca llegaste a existir de verdad en este mundo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario